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divendres, 20 de maig del 2016

Tomasa Cuevas Gutiérrez

MEMÒRIA HISTÒRICA.

FITXES DE MILITANTS. 

77: TOMASA CUEVAS GUTIÉRREZ




Tomasa Cuevas Gutiérrez (Brihuega, província de Guadalajara, 1917- Barcelona, 25 d'abril de 2007). Lluitadora antifranquista. Militant del PSUC.


"Soy de un pueblecito de la Alcarria que se llama Brihuega, donde nací en el año 17. Mi familia era de origen obrero, mi padre repartidor de harina y mi madre lavaba ropa por las casas y cosas así. Mi padre se cayó debajo del caballo con el que repartía la harina y a consecuencia de ello estuvo dos años en el hospital, dejando a mi madre con cinco hijos. Yo era la pequeña. En el transcurso de los años, mi madre trabajaba limpiando casas y también haciendo pan, porque como mis abuelos eran los dueños del horno no le cobraban la hornada. Dos de mis hermanos murieron en esos años que mi padre estuvo enfermo.

La consecuencia de todo esto, la enfermedad y los años de hospital, fue que emigramos a Guadalajara, donde mi hermana mayor ya había ido a servir. El trabajo de mi padre fue de blanco a negro, pasó de repartidor de harina a repartidor de carbón.

Yo empecé a trabajar a los nueve años en una fábrica de punto, que la llamaban fábrica aunque hoy la llamaríamos pequeño taller, porque era una tiendecita pequeña que tenía en la trastienda tres máquinas con las que se hacían refajos, calzoncillos de punto, medias de algodón o de lana, calcetines y todo eso. Mi trabajo consistía en coger puntos a las medias de seda que llevaban las mujeres para arreglar. Me pagaban muy poco y yo cada vez pedía más aumento, contestándome la patrona que ya ganaba suficiente. Cuando iba a cumplir once años, tras una discusión de aquellas, en las que ella siempre decía que no me podía subir porque no me lo ganaba, apunté durante toda una semana lo que ella cobraba con los puntos que yo cogía. Según los cogía, tenía el precio y lo apuntaba en un papelito. Cuando llegó el sábado le dije que me subiera el sueldo y me volvió a decir que no, que cobraba lo suficiente para la edad que tenía y que además no lo ganaba. ¿Que no lo gano? contesté, mire lo que ha sacado usted conmigo esta semana, y le enseñé mis cuentas. Se puso tan furiosa que me echó.

Me echó y me marché, claro. Pero tenía que trabajar y me puse a coger puntos en mi casa. Puse un anuncio pequeñito en un periódico de la UGT que se llamaba Flores y Abejas, donde trabajaba un primo mío que era presidente de la Unión de Agricultores, un chupatintas, y comencé a tener clientes. Luego, muchas de las que iban a la tiendecita se enteraron que yo trabajaba por mi cuenta y me trajeron sus arreglos, por lo que me llamo la dueña y me dijo: Yo te puedo denunciar ¿a ti le parece bonito que me hayas quitado la clientela? Yo no le he quitado la clientela a nadie, a quien llama a mi puerta le hago los trabajos, contesté. Ya no pasó nada más, pero lo que sacaba con aquello era poco, no podía trabajar sólo cogiendo los puntos en casa, era imposible, porque la vida se iba desarrollando de distinta manera.

Mi madre estaba enferma, mi hermano solo tenía trabajo de vez en cuano, así que, además de coger los puntos, encontré empleo en una fábrica para sopa, de donde viene la pensión que cobro ahora. Todavía era pequeña, y las panderas que había que subir, unas bandejas en las que se ponía el fideo, eran muy grandes y había que llevarlas desde el obrador, que estaba abajo, hasta arriba, donde estaba el tendido, y para subir esas panderetas me las veía moradas. Mis brazos están torcidos desde entonces. Había un muchacho trabajando allí que era muy majo y que, sin que le viera el jefe, que era un hijo de su puñetera madre, me ayudaba con las panderas. Me esperaba en la escalera y me las subía corriendo. Se llamaba Santos Puerto, que vive por Francia y no le he podido localizar. Por mi contacto con él acabé por hacerme comunista.

Un buen día, hacía el año 34, aquel amigo me dijo: pequeña, tengo que pedirte un favor. Me llevó a una ventana que daba a la calle y me dijo: ¿ves aquellos tíos que hay allí? pues son policías, están esperando a que salga y me van a detener, ¿por qué?, le pregunté. Ya te lo explicaré, me contestó, yo tengo aquí un paquetito, te lo vas a llevar, pero guárdalo y no le digas nada a nadie, a nadie, eso es solo para ti y para mí.
Efectivamente, cuando salió le detuvieron y yo me llevé el paquetito a mi casa y lo escondí. Entonces todavía no estaba metida en política. Al día siguiente vino a verme el que era el secretario general del Partido en Guadalajara, que se llamaba Raimundo Serrano, y me dijo: oye peque --que aquello de peque todavía me queda como mote-- ¿Santos te ha dado algo para mí? Ni para ti ni para nadie, le contesté yo, a mi no me ha dado nada Santos. El venga a insistir y yo venga a negarme, porque Santos me había dicho que no se lo diera a nadie. Así durante varios días en los que Raimundo me salía al camino y me pedía el paquete. Yo seguía negando que me hubieran dado nada para él, hasta que un buen día se presentó con una nota de Santos, porque como entonces teníamos guardias de asalto que eran nuestros, a través de uno de ellos habían sacado la nota de la cárcel. Solo así cedí y le entregué el paquete, pero aquella fue mi perdición de comunista, porque a partir de entonces ya todo era: peque guarda esto, peque esconde esto otro, peque ve a ver a fulano de tal y dile que le espero en tal sitio, te dará una cosa y me la das a mí.

Así pasó el tiempo hasta que me detuvieron por primera vez a finales del 34. Acababa de suceder lo de los mineros de Asturias, cuando lo de octubre, y por Guadalajara pasó una expedición de niños hacia Madrid donde les cuidarían mientras los padres estaban en la cárcel. Con otros compañeros de la fábrica fui a la estación y un guardia de asalto dio un meneo a un crio. Le dije: no toqué usted a ese crío porque como lo haga le voy a dar una hostia y me voy a cagar en su madre ¡A un guardia de asalto! Me detuvo, claro.
Me llevaron al calabozo de la Dirección General de Seguridad y me preguntaron que quién me había mandado ir a la estación. Nadie, contesté, yo he visto niños allí y he ido a ver qué pasaba. ¿Y no te ha mandado nadie? No, yo he visto niños allí y he ido a ver. Pero tú has amenazado a un guardia y te has cagado en su madre. Bueno, yo le he amenazado, pero no me he cagado en nadie, le he dicho que si tocaba al niño, pero como no le ha tocado, ni le he dado la hostia que le había prometido, ni me he cagado en nadie. Estuve tres días en el calabozo.

En esa época ya tenía yo el carnet de las Juventudes, el número siete. Raimundo me había reunido un día con otros para proponernos formar las Juventudes Comunistas, porque hasta entonces sólo existía el Partido, y nos explicó lo que significaba: las consecuencias son estas y estas, todo lo que me podía pasar siendo comunista. No pasa nada, le dije yo, si hay que luchar, se lucha; si a los once años tuve que ir a trabajar, justo es que luche yo con vosotros por mis derechos y si hay que ir a la Juventud, pues a la Juventud.

Cuando salí de aquella primera detención fui a mi casa. Vivíamos en una planta baja y cuando llegué, mi padre estaba con una zapatilla esperándome, porque su idea era darme una paliza para que no repitiera. Entra, entra, me decía. El iba retrocediendo mientras me lo decía y yo iba entrando. Teníamos la puerta a la calle y un pasillo, una comuna, un retrete comunal de los de entonces, donde yo tenía el carnet de las Juventudes escondido, y cuando llegué a él abrí la puerta, lo saqué y le dije a mi padre: mire, soy comunista, tengo que luchar por mis derechos y como ya sé ganarme el coscurro, con esto estaré en la casa, pero sin esto me voy. Mi padre dejo la zapatilla y dijo: mira hija, yo no supe luchar por lo mío, lucha tú por lo tuyo. Mi madre dijo: ¿esa era la paliza que le ibas a pegar?

Yo seguía cogiendo puntos y trabajando en la fábrica, porque la vida nuestra era muy puñetera. Mi padre gañaba veinticuatro pesetas y mi madre estaba enferma del estómago con una úlcera sangrante, así que seguía cogiendo puntos por la noche. Como no teníamos una luz suficiente me subía en la mesa con una silla, me sentaba debajo de la bombilla y allí cogía los puntos.

Mi madre tenía que tomar mucha leche, así que por las mañanas me busqué un trabajo para repartir leche por las casas con dos cántaras. Me daban quince pesetas. En invierno se me quedaban las manos agarrotadas de llevar las cantaritas de leche y las clientas se la tenían que servir ellas mismas porque yo no podía, pero a mí me daban dos litros. En la casa donde vivíamos pagábamos quince pesetas de alquiler y como las dueñas de la casa no tenían agua corriente y había que llevarla con un cántaro, un día sí y otro no yo iba también a llevarles el agua por las tardes, cuando salía de la fábrica, y me pagaban con el recibo de la casa. Así íbamos trampeando.

En esa época también me eché novio, era un muchacho muy majo y muy guapito y nos queríamos. Un día vino y me dijo que no podíamos salir porque tenía que hacer una chapuza, yo le dije que de acuerdo, y en cuanto él se fue me marché yo también, porque tenía una reunión de las Juventudes, que se celebraban en una casa que teníamos en la plaza de la Concordia, en Guadalajara. En la puerta había un grupito de gente, entre los que estaba mi novio, que miraba a los que entraban. Yo le vi, pero entré en la casa. Cuando empezó la reunión entró el grupito que estaba fuera y mi novio con ellos. Así me enteré que él también estaba en las Juventudes y él se enteró de que estaba yo, porque hasta entonces, como éramos clandestinos, no lo sabíamos.

Al acabar la guerra, que pasé en Madrid, y después de varias peripecias, llegué a Barcelona, donde volví a tomar contacto con el partido, colaborando con la guerrilla como correo. En la agrupación guerrillera yo viajaba desde Barcelona hasta la frontera en busca de armas. Iba con un bolso grande que a veces cabía una metralleta, algún cajetín con balas, una pistola, cualquier cosa. Llegaba hasta la frontera, a algún pueblecito cerca, pasando ya de Gerona, a la zona de la montaña y allí me cargaban con lo que fuera. Luego me venía hacia Barcelona y lo entregaba, no sabía más. Era curioso, porque yo, en los viajes en tren me iba a donde estaba la guardia civil. Mire, les decía, me vengo aquí porque tengo más confianza con ustedes que por ahí sola. Nunca pasó nada.

Como no teníamos dinero ni para coger un taxi, en la estación de Francia tenía que tomar un tranvía y en uno de los viajes me costaba tanto trabajo subir el bolso a él que había dos grises y uno de ellos me lo cogió y lo puso en la plataforma. Me dijo: señora, ¿qué lleva usted aquí que pesa tanto? Bombas, contesté. Qué cosas tiene usted señora. Bueno, pues no se lo crea. ¿Qué pensaron? pues con veintinueve años que tenía yo, debieron suponer que tenía niños pequeños y que llevaba botes de leche o cosas así del mercado negro y me dejaron estar. Yo les hice la broma y me dejaron. ¿Por qué les dijiste eso? me preguntaban luego los camaradas. Porque era lo único que no se iban a creer.

Yo mantenía contactos con los responsables de la dirección del Partido y los responsables de las guerrillas, uno de ellos era José Bruch y otro José Aymerich; Miguel Núñez  era el instructor político militar. Los responsables del Partido con los que tenía contactos eran Moisés Hueso y Celestino Carrete. Pero los contactos eran de los de traer y llevar, decirles que iba a haber una reunión en tal lugar o que fulano iba a estar en tal lugar para encontrarse con ellos. Las armas me las llevaba yo a casa, y después de saber a quién tenía que dárselas volvía a salir y las entregaba. A veces no salían de casa porque se las llevaba Miguel directamente a donde fuera. Así hicimos varios viajes hasta la detención.

Nos detuvieron el día 4 de abril del 45, después de haber dado doce tiros por la espalda a Juanito Cuadrado. Nos habían seguido a algunos, a mí también. A Juanito Cuadrado le siguieron y le dieron doce tiros. El llevaba pistola, pero no la utilizó. No pudo utilizarla porque le dispararon por la espalda, aunque dijeron que lo habían hecho en defensa propia, pero era mentira, no le dejaron ni siquiera sacarla. Le llevaron al depósito de cadáveres y uno de los hombres que había por allí vio que se movía. Entonces llamaron a los médicos, bajaron, se lo llevaron, empezaron a sacarle balas, a hacerle operaciones y a curarle y ahí está, todavía vive.

A raíz de eso comenzaron todas las caídas. A mí me cogieron cuando volví a casa. Vi a un tío con mala pinta al pie de un árbol y con el zapaterito remendón que trabajaba en el portal había otro. Al del árbol le pase de largo, pero cuando vi al que estaba con el zapatero me dije: te han copado maja. Efectivamente, el que estaba fuera me puso una pistola en la espalda y me detuvo.

Arriba, en la casa, estaban el famoso Creix y otro más. Yo vivía en casa de una hermana de Antonio del Amo, el director de cine, porque ya me había ido de la barraca en la que viví hasta entonces con mi amiga Bene. A ella le había prohibido terminantemente que supiera donde vivía yo, porque estaba mal de salud y no quería meterla en ningún lío. Entonces Creix me preguntó que de dónde venía. De trabajar. ¿Qué más? Nada más. En esto empiezan a registrar la habitación. Debajo del colchón, en la parte del medio de la cama, tenía escondido el tampón de la organización militar, siempre con un miedo terrible de que me lo cogieran.

Días antes había traído dos metralletas y también las había escondido debajo del colchón, pero ya se las habían llevado. Quedaba sólo el tampón, que utilizaba para hacer las documentaciones falsas de los camaradas que estaban en edad militar. Levantaron el colchón de una punta y de otra, pero siempre se quedaba el centro de la cama sin ver. Yo estaba indispuesta y cada vez que levantaban el colchón me decía: madre mía, como aparezca el tampón ese la vamos a liar. Ya les dije: me perdonen, pero me voy a sentar, porque estoy indispuesta! vengo de trabajar ocho horas y me encuentro mal. Me senté en la cama y ya no la levantaron más.

Mis interrogatorios fueron muy duros. Lo que ellos querían saber es a qué me dedicaba los fines de semana, porque como era cosa de la guerrilla eran los fines de semana cuando hacía mi trabajo. Yo no les decía nada, y era golpe va y golpe viene. Al final conseguí tener una breve entrevista en el pasillo de las celdas con Miguel, hablamos y me comunicó que podía decir que esos días iba a una pensión en la que no iban a descubrir nada. Así lo hice, dije que los fines de semana trabajaba en una pensión a repasando ropa, pero que como era de una mujer viuda con una hija y yo sabía el lío en que les iba a meter no había querido decir nada, pero que como ya no aguantaba más se lo decía. Fueron a la pensión, donde les confirmaron la historia.

Salí en libertad provisional y me tenía que presentar a la policía cada quince días. Quedé clandestina desde que salí de la cárcel. Contactos con las guerrillas otra vez y vuelta a empezar. Con los que trabajé directamente en esta ocasión fue con Pedro Valverde, Puig Pidemunt, Ángel Carrero y otro, los cuatro que los fusilaron después. Yo trabajaba dilectamente con ellos, encontrándoles lugares para que se reunieran, haciendo de estafeta y todo eso. Me acuerdo que Pedro Valverde me decía: tú esperas un minuto en la cita. Yo no espero nada, si no estás sigo, le decía yo, porque había que saber lo mal que se pasaba esperando, aunque sólo fuera un minuto, sin saber por qué era el retraso. Si yo llegaba al sitio y no había nadie me metía en un portal, subía unas escaleras, contaba un minuto y volvía a salir, o me metía en una tienda pendiente del reloj. Así hasta que ellos cayeron, en abril del 47. Nos enteramos por el abogado que les atendía, que avisó a Miguel y le dijo que nos escondiéramos.

Yo estaba embarazada y tenía un barrigón enorme; más barrigón que tiempo de embarazo. Intentaron sacarme de España para llevarme a parir al hospital Varsovia, que estaba en Tolouse, pero aunque llegué hasta la frontera decidí al final quedarme en España. Volví a Barcelona y me escondieron con Miguel en una casa en construcción, con un taller abajo y un piso arriba sin terminar.

No había servicios, el piso no tenía mosaico y el suelo era de tierra, en la que yo hacía pipí durante el día. Miguel y yo dormíamos en un sofá, él en la parte de la pared y yo en la de afuera, con la barriga encima de un cajón para no caerme. Había una terraza a la que subíamos sin poder ponernos de pie, porque nos podían ver desde las terrazas de enfrente, y allí hacíamos nuestras necesidades en papeles, lo envolvíamos y lo tirábamos a la calle. En algunas ocasiones oíamos decir a las mujeres que pasaban al mercado: no sé qué pasa en esta calle, que hace una temporadita que no hay más que papeles con mierda por los suelos. Por cierto, que por eso del mercado supongo que el piso estaba en el barrio de Gracia, porque nunca lo supe, nos metieron de noche y nos sacaron de noche.

Allí estuvimos dos meses. Cuando los detenidos pasaron de jefatura a la cárcel dijeron que a Miguel no le diera ni el aire, porque le buscaban, y también que yo podía ir a parir a casa de Luisa, que era la estafeta particular de Pedro Valverde y no había aparecido para nada en los interrogatorios. Por lo que sabían era una casa segura. Yo parí en casa de Luisa, que para mí es como mi madre, ayudada por un ginecólogo, que había sido de la CNT y había pasado al Partido, que también estaba clandestino. Clandestino él y clandestina yo, allí tuve a mi hija, en la calle Urgel 72 nació Estrella.

A los ocho días apareció Miguel, todo teñidito de rubio, porque el Partido pensaba sacarnos de Cataluña. Fuimos a Madrid. Desde allí mandaron a Miguel para Sevilla, a disolver la guerrilla, Porque el Partido había decidido acabar con la lucha armada. Yo me quedé en Madrid, pero en diciembre me dijeron que tenía que pasar a Sevilla porque Miguel necesitaba ayuda para el trabajo que estaba haciendo, así que en enero del 48 me fui al pantano con mi hija de seis meses. Aquello era algo tremendo, porque casi todos los obreros eran o ex-presos o gente que había huido, y estaban mal pagados. No les habían hecho ni viviendas, sus casas eran una cueva dentro de la montaña, y allí vivían con niños y con todo. La mortalidad de los niños era terrible. Comían muy mal, claro, y no podía marcharse de allí aunque quisieran, porque la empresa, Agromán, tenía un almacén al que debían comprar por obligación y siempre le debían dinero. La persona que llevaba el almacén, hecho de madera, con unas rendijas terribles, era un camarada y Miguel había ido como contable. Los únicos edificios que había allí eran una pequeña capilla y los chalets de los ingenieros, la casita del cura y los demás. Los obreros vivían en las cuevas.

En una ocasión pasé una vergüenza enorme. Los abuelos, los padres de Miguel, le habían regalado a la niña una capita de piel blanca y como era invierno me la llevé. Un día me dijeron que subiera a donde vivían los obreros para darle unas cosas a uno de ellos, así que tomé a mi niña, la envolví en la capa y subí. Cuando llegué allí dije: mierda de capa, con la miseria que hay aquí. Metí la capa en una maleta y desde entonces subía a los cerros con la niña envuelta en una manta. Pasé vergüenza de verdad. Robaba caramelos del almacén para los niños, pero el primero al que fui a darle uno no me lo quiso coger. La madre me dijo: es que no sabe lo que es un caramelo porque no lo han comido nunca. ¡Un niño que no había comido nunca un caramelo! Yo siempre subía con el bolsillo lleno para esos niños.

Tuvimos que irnos de allí porque no había nada que hacer. Miguel cayó con unas fiebres espantosas y no paraba de delirar. El hablaba y yo le tapaba la boca. Se había hecho amigo de la guardia civil y querían subir a visitarle. No, no, les decía yo, que las fiebres son terribles y no sea que vayan a cogerlas ustedes también.

El viaje a Sevilla tuvo mucha gracia, porque me subieron en un camión y a la salida de Sevilla subió también la guardia civil con las metralletas. Me vieron sentada con la niña y les pregunté ¿pasa algo? No, no, es que por aquí hay mucha guerrilla y tenemos que ir preparados, pero mire usted, ellos tienen hijos y nosotros también tenemos hijos, así que pasamos de largo. Si supierais vosotros, pensé, que los lleváis también aquí. Miguel dejó contactos con gentes muy responsables para que hicieran lo que pudieran y nosotros salimos hacía el norte, donde nos mandó el Partido. Yo me quedé en Vitoria y Miguel fue muy cerca de Bilbao, a trabajar en una fábrica de tornillos. Allí les hizo un desfalco para sacar dinero para el Partido que luego yo llevé a Barcelona. Fueron cincuenta mil pesetas, que en aquella época era mucho dinero. De nuevo hubo una detención en Barcelona en la que también nos metían a nosotros. Miguel salió para un sitio y yo para otro.

Dejé a la niña con la abuela y me vine para Barcelona otra vez. Estuve con la mamá Luisa, mi madre adoptiva. Yo no veía a ningún camarada, era Luisa la que tocaba las teclas. Me puse a servir, siempre me ponía a servir, era la única forma de no ir a casa de nadie. Estuve sirviendo en una ferretería, otra vez con el truco de que me había escapado de casa. Luisa cogió el contacto con el Partido y yo seguía viéndome con ella. Para poder dejar aquel empleo sin despertar sospechas me mandaron a un camarada, que hizo el papel de un supuesto primo que había venido a buscar unos tejidos a Barcelona y los padres le habían dicho que se llevara a la chica al pueblo, quisiera o no quisiera. Fue a la ferretería preguntando por mí, dijo que me tenía que ir y me fui. A Reus, todavía disolviendo guerrilla.

Miguel estaba allí, pero yo no lo sabía. Para la primera cita con él me recogió un camarada por la noche y me llevó a un paseo que le llaman el paseo de los enamorados y me dijo que allí me iba a encontrar con el responsable y que así él me dejaba ya en sus manos porque era con él con quien tenía que trabajar.Íbamos los dos paseando, con un frió que pelaba, pues sólo llevaba puesta una chaquetita de lana muy finita, cuando veo venir a Miguel. Mira, me dijo el camarada que me acompañaba, vamos a pasar de largo, pero es aquel camarada, tu como si no le conocieras, pero fíjate bien en él, porque yo te voy a dejar ahí abajo y me voy, él va a volver y os vais a encontrar.

De esa manera volví a verme con Miguel, del que no sabía dónde estaba desde que nos separarnos en Barcelona. Miguel llevaba una bolsa grande y saco de ella un chaquetón y lo primero que hizo fue ponérmelo. El sí sabía que era yo con quien se iba a encontrar. En Reus estuvimos muy poco tiempo, porque a él le sacaron casi inmediatamente para Francia y pasamos cinco años sin saber nada uno del otro.


Posteriormente volvieron a detener a Miguel y me convertí en mujer de preso, con todo lo que eso representa. De Burgos se sacaban las cosas de mil maneras: con una tartera de doble fondo, en las asas de los bolsos, y para entrar también, en latas de conserva, a las que también les hacían en Francia un doble fondo. Con una de estas me pasó a mí una vez que se conoce que habían dejado un pequeño poro abierto y por él se pudrieron las sardinas en aceite que iban en la lata y había un olor horrible. Yo fui echándome colonia de Barcelona a Zaragoza, y allí fui a la persona que iba a pasar la lata, la familia de Vicente Cazcarra, que me ayudaba a meter y sacar las cosas de Burgos (también me ayudaba desde Vitoria la familia de Rosell), y les dije: Marujina, el coche y arreando a Burgos que mira lo que llevo, trilita va ahí. Como olía tanto, le dije al padre de Cazcarra: Vicente, que también se llamaba Vicente, vamos a abrir la lata en el campo. El no quiso. Llegamos a Burgos y nos quedamos de pensión. Bajamos al río, abrimos la lata, tiramos las sardinas y sacamos los papeles que había en ella. Me tuve que buscar un apaño para meter las cosas y le expliqué a Miguel lo que había pasado, porque era imposible meter la lata, lo hubieran descubierto todo.
Cuando la muerte de Franco ya llevábamos un añito o casi dos que estábamos bastante bien, porque este hombre andaba medio moribundo y las cosas habían cambiado bastante, pero claro, la muerte de Franco fue muy importante, sobre todo para los que estábamos clandestinos fuera de casa, porque yo tenía a mi hija y a mis nietos, que los tenía que ver casi a escondidas. Fue como una liberación, tanto como salir de la cárcel o más".





Per saber-ne més: 






dimecres, 18 de maig del 2016

Francisca Redondo Cubero

MEMÒRIA HISTÒRICA.

FITXES DE MILITANTS.

76: FRANCISCA REDONDO CUBERO



Francisca Redondo Cubero, neix a Las Pedroñeras (Cuenca) en 1915, i mor a Terrassa el 18 de setembre de 2007, als 92 anys. Francisca provenia d’una família dedicada tradicionalment a les feines del camp (vinya i cereals). El seu pare treballava en obres, en el camp i ajudava també al jutge de la localitat. Estava molt polititzat. La seva mare era mestressa de casa.
Francisca va estudiar només l'ensenyament primari, perquè de ben petita 
va haver de posar-se a treballar.
El 1929 es traslladà a Madrid per treballar a la casa d’una família acomodada.
Aquesta feina la va realitzar durant els hiverns perquè a l’estiu tornava a Las
Pedroñeras per ajudar la seva família en les tasques del camp. Quan va poguer, Francisca va estudiar d'amagat de la seva mare. Durant la guerra civil anava a
treballar als hospitals a ajudar als ferits. Quan es va instal·lar a València amb la
seva família, treballà de cuinera i d’ajudant d’un metge d’esquerres.
Francisca i el seu marit van arribar a Catalunya el 1957 acompanyats d’uns
familiars de València, i es van instal.lar a Terrassa. 
Pel que fa a la faceta militant, a Madrid, el 1931 va formar part de les Joventuts Comunistes. D’aquesta època data la seva amistat amb Dolores Ibarruri, “Pasionaria”. Quan esclatà la guerra
se’n tornà a Conca, on formà part de les JSU.
Mentre durà la guerra va fer el treball de reraguarda com ajudant els ferits,
rentar-los, posar-los injeccions... S’ implicà molt en totes les accions d’ajuda al front. Quinze dies abans que s’acabés la guerra, els socialistes  del poble la van tancar a la presó,ja que el PCE
no va voler signar “la pau honrosa” que ells proposaven als feixistes. 
Durant sis mesos va estar subsistint, amb una
dotzena de companys més, en una cel·la de la presó d’Ucles (Cuenca) en
unes condicions molt precàries. Així, quan van arribar les tropes franquistes al
poble ells ja estaven a la presó. Al 1940 fou posada en llibertat desprès d’haver
patit molt. En els primers anys de postguerra, la Francisca anava als camps de
concentració a portar menjar els presos republicans i en aquesta tasca es gastà
bona part dels seus ingressos. Arribà a comprar-se una camisa de Falange per accedir millor als presos i no aixecar sospites entre els guàrdies.
Desprès de casar-se, el 1942, se'n va anar a viure amb el seu marit a una finca i
allí amagà a dos guerrillers que marxaven cap a França. En els anys 50 emigra
a Catalunya i ben aviat contacta amb el PSUC, de la mà de Cipriano García,
com a conseqüència d’una protesta a la fàbrica de Terrassa on treballava.
Francisca imprimia premsa clandestina a casa, com el “Mundo Obrero” i fulls volants
que distribuïa posteriorment. També va participar a les manifestacions de
CCOO i assistia a les reunions del sindicat. El 1979 formà part de les llistes del PSUC
a l’Ajuntament de Terrassa i en les primeres eleccions municipals
democràtiques va ser escollida i obtingué el càrrec de regidora de Sanitat i Medi Ambient, en el moment en què es formà un govern de coalició entre el PSC i el PSUC. Posteriorment, participà en la creació del Casal de la Dona i es vinculà amb el Casal de Amistad amb Cuba. Fou membre fundadora també de l'Associació de Veïns de La Maurina, i de diferents entitats de jubilats i 'gent gran'.
Francisca Redondo Cubero va morir el 2007, als 92 anys, sent membre del PSUC, d'ICV i de CC.OO.
Des de que va arribar a Terrassa al 1957 la Francisca ha estat una component d’aquella generació de dones i homes generosos que feien del compromís amb els demés una manera de viure. La Francisca ha contribuït a mantenir, en condicions molt difícils, les idees d’esquerres i de progrés a la nostra ciutat i a fer-la més humana i solidària.

Per saber-ne més:

Antoni Farrés Sabaté

MEMÒRIA HISTÒRICA.

FITXES DE MILITANTS. 

75: ANTONI FARRÉS SABATÉ












Antoni Farrés i Sabaté (Sabadell, 4 d'abril de 1945 - 13 de febrer de 2009), advocat laboralista, fou el primer alcalde de la ciutat de Sabadell després de la Dictadura franquista. Se'l considera un referent del municipalisme català i un dels grans alcaldes del PSUC i d'ICV. A nivell polític era catalanista, d'esquerres, comunista, humanista i defensor dels drets dels treballadors. 

Farrés tingué un paper molt rellevant en la lluita contra la dictadura a la ciutat de Sabadell; així, fou un dels líders de la vaga general del tèxtil a Sabadell l'any 1974, amb el dictador encara viu. Hi hagué fortta represió i nombroses detencions, de les que l'advocat Farrés se n'ocupà. Ja era membre del PSUC i de Comisions Obreres, organitzacions que treballaven obertament malgrat ser encara il.legals. 

Exercí el càrrec d'alcalde durant 20 anys, del 1979 al 1999, primer com a militant del PSUC (Partit Socialista Unificat de Catalunya) i més tard, d'Iniciativa per Catalunya, el partit que n'heretà la sobiranía, la militància i la història. Destacà per tenir un carisma extraordinari i se l'admirà per un profund sentiment de catalanisme, humanisme i defensa dels valors democràtics, socials, de justícia i igualtat. Ocupà l'alcaldia de la ciutat de Sabadell des del 19 d'abril de 1979 fins al 3 de juliol de 1999.
Llicenciat en Dret per la Universitat de Barcelona, del 1971 al 1979 Farrés va treballar d'advocat laborista a la seva ciutat, feina que el va catapultar, el 19 d'abril de 1979, a l'alcaldia de Sabadell com a cap de llista del PSUC. Durant el període en què va exercir d'alcalde, va ser diputat provincial, president del Consell Comarcal del Vallès Occidental (que posà en marxa), diputat al Parlament de Catalunya durant la IV legislatura i vicepresident de la Federació de Municipis de Catalunya. Del 1994 al 1999 fou membre del Consell Social de la UAB. També va ser el responsable d'àmbit municipal del Fòrum de les Cultures Barcelona 2004.
El moment més polèmic del seu mandat va ser quan va ordenar una càrrega policial contra un grup de joves que es manifestava en contra de la commemoració del 20-N a l'església de Sant Feliu. Però se'l recorda per haver aconseguit asfaltar tots els carrers de la ciutat i donar serveis de tot tipus a tots els barris: mercats, biblioteques, escoles, ambulatoris, transport, equipaments esportius, juvenils, per gent gran, culturals, etc, i per haver fet el gran parc de Catalunya i l'Eix Macià.
Fou un gran impulsor de LocalRet, consorci integrat per més de 700 ajuntaments de Catalunya, la Federació de Municipis de Catalunya i l'AMC, per fomentar en el món local el desenvolupament de la xarxa de cable de banda ampla i la incorporació de les tecnologies de la informació i la comunicació en els municipis.
Els darrers anys de la seva vida, Antoni Farrés exercí de consultor en temes d'administració local i noves tecnologíes.
Va morir el 13 de febrer de 2009 a l'edat de 63 anys a causa d'un càncer de pulmó.  l'Ajuntament de Sabadell decretà tres dies de dol i obrí la capella ardent al Saló de Plens, que fou visitada per desenes de milers de veïns i veïnes de Sabadell en llargues cues.
Algunes dades a destacar:




  • Entre 1971 i 1979, Antoni farrés Sabater exercí d'advocat laborista, treballant amb Comissions Obreres.
  • Entre 1979 i 1999, fou alcalde de Sabadell, pel PSUC primer i per Iniciativa per Catalunya després. Va governar durant 20 anys -5 mandats- en 4 dels quals obtingué àmplies majories absolutes.
  • El 1979 fou elegit diputat provincial i formà part de la Comissió de Govern de la Diputació, sota la presidència de Josep Tarradellas i posteriorment de Martí Jusmet. El 1983 fou reelegit diputat provincial i formà part del Grup de Diputats Provincials del PSUC, a l'oposició.
  • Entre 1987 i 1991 fou president del primer Consell Comarcal del Vallès Occidental, ens que posà en marxa.
  • El 19 de juliol de 1997, fou elegit president del Consell d'Administració de LOCALRET.
  • Entre 1992 i 1995 exercí de diputat al Parlament de Catalunya per ICV en la IV legislatura i formà part de les comissions de Política Territorial i de l'Estatut del Diputat, com també membre suplent de la Comissió d'Organització. En nom del Grup Parlamentari d'Iniciativa per Catalunya, va ser ponent de diverses lleis, entre les quals la del Pla Territorial General de Catalunya.
  • Antoni Farrés fou militant del PSUC des dels primers anys 70 -en plena clandestinitat- fins que el Partit va cedir la seva sobiranía a Iniciativa per Catalunya el 1987. Farrés continuà essent militant d'ICV. Tan en el PSUC com a ICV, Antoni Farrés fou membre del Comité Central i de la direcció del Vallès Occidental i de Sabadell. La seva llarga trajectòria militant en el PSUC i a ICV es veu reflectida en nombrosos article publicats a la premsa del Partit: 'Treball' i 'Nous Horitzons', així com en d'altres mitjans. Militant molt respectat i estimat, la seva mort prematura va causar un gran impacte entre la gran parròquia psuquera i d'Iniciativa, que es va bolcar en el seu enterrament i que ha quedat imborrablement inscrit en la memòria col.lectiva. 
  • Farrés té un monument de bronze en el seu honor, obra de l'escultor Agustí Puig, al bell mig del gran Parc de Catalunya, que ell va impulsar on fins aleshores no hi havía més que solars abandonats plens de brutícia i rates. Ara, el Parc de Catalunya és un gran pulmó verd per tota la ciutat de Sabadell.
  • El 1995, un important empresari del totxo (Benet Carbonell, aleshores amo de COPCISA) va deixar damunt la taula de l'alcalde Toni Farrés un maletí on hi havía 3 milions de pessetes. 'Mira't aquests papers', digué l'empresari. Quan Farrés va veure els feixos de bitllets de 10.000 pessetes, va cridar l'interventor i el Cap de la Guàrdia Urbana i els va demanar que acompanyéssin aquell Sr. i el seu maletí fins la comissaría de policía que ja hi anava ell a posar denúncia. L'honestedat i l'honradesa d'en Toni farrés era de pedra picada, com la resta d'alcaldes de la seva mateixa formació política. Malauradament, el 1999, a les eleccions municipals on Farrés ja no fou el candidat d'ICV, es produï un empat a regidors -i quasi a vots- entre la llista d'Iniciativa que encapçalava Mª Dolors Calvet Puig (històrica del PSUC i d'ICV i exregidora amb en Toni Farrés) i la llista socialista d'un tal Manuel Bustos; gràcies als vots dels regidors de CiU i d'ERC que van investir Bustos (el PP va tenir la dignitat d'abstenir-se), Sabadell digué adéu a dues dècades de dignitat i prodigis i començà a embrutar-se en el fang de la corrupció de forma obscena i l'orgull de ciutat fou substituït per la vergonya de ciutat. 
Per saber-ne més:


El País: Antoni farrés, el alcalde comunista de sabadell.

Jordi Serrano i Xavier Domènec: 'Farrés, o quan els obrers van assaltar l'Ajuntament'

http://blog.ferrerguardia.org/ entrevista a Antoni farrés

Diario Público: Antoni farrés, más allá de la utopía.  

Vikipèdia: Antoni Farrés i Sabater.

Necrològica d'ICV sobre la mort d'Antoni farrés.

El Punt-Avui: anècdotes exemplars.

Antoni Farrés, in memòriam.





dimarts, 17 de maig del 2016

Lluís Hernández Alcàsser

MEMÒRIA HISTÒRICA. 

FITXES DE MILITRANTS.

74: LLUÍS HERNÁNDEZ ALCÀSSER






Lluís Hernández i Alcàsser, també conegut com "el capellà roig", (Barcelona, 13 de novembre de 1936 - Santa Coloma de Gramenet, 20 de juliol de 2015) va ser un sacerdot-obrer i polític comunista català, membre del PSUC. Va ser alcalde de Santa Coloma de Gramenet durant 3 mandats,de 1979 a 1991.

Barceloní del barri de Sant Andreu de palomar i de pares murcians, ingressà al seminari de La Conrería als 13 anys, i poc després d’ordenar-se sacerdot marxà com a missioner a l'Equador, a la diòcesi de Riobamba. Allà va conèixer i va treballar amb monsenyor Leonidas Proaño («El bisbe dels indígenes»), que el va influir profundament i va fer que bolqués la seva activitat en defensa dels més pobres, per la qual cosa va ser deportat a Espanya per la policia del president equatorià José Maria Velasco Ibarra.
Quan va tornar a Barcelona, va ser acollit pels capellans obrers de Santa Coloma de Gramenet (Jaume P. Sayrach, Antoni Antonijoan, Joan Morán, Salvador Cabré i Josep Catà), que el van convidar a instal·lar-se a la ciutat. S'instal·là amb la seva mare al barri de les Oliveres, el més humil de la ciutat, un conjunt de blocs construïts desordenadament i sense cap servei ni infraestructura a la falda d'un turó.
Tot exercint el sacerdoci amb els pocs mitjans de què disposava (la parròquia no disposava de temple i havia de fer les misses al petit pis on vivia), va destacar ràpidament com a líder dels veïns. Es posà al capdavant de les reivindicacions socials, i va encapçalar les nombroses manifestacions que es feien per reclamar els serveis mínims indispensables: clavegueram, enllumenat, escoles, etc. Així mateix, va exercir de professor de religió al llavors acabat d'inaugurar primer institut de Santa Coloma, l'Institut Puig Castellar. En aquests anys es va implicar també amb la lluita política clandestina passant a ser membre del Partit Socialista Unificat de Catalunya.

Quan l'arquitecte Xavier Valls, autor del Pla Popular –el programa de govern de l’esquerra de Santa Coloma de Gramenet per a la reforma i regeneració de la ciutat– va renunciar a presentar-se a les primeres eleccions municipals de la democràcia (1979) com a alcaldable del PSUC, el partit li va proposar a Hernández, que va acceptar malgrat l'oposició del bisbat de Barcelona.

Hernández les va guanyar amb el 45,31% dels vots (13 regidors) seguit del (PSC), que va treure el 36% (11 regidors).
Els primers anys van ser d'entesa entre les forces polítiques. Es va constituir un govern municipal d'unitat i es va fer servir el Pla Popular esmentat com a full de ruta de la política municipal.
A les següents eleccions (1983), va tornar a guanyar (15 regidors del PSUC per 13 del PSC). A les eleccions de 1987, el PSC va portar a Santa Coloma els principals líders del PSOE – Alfonso Guerra i Felipe González-  per promoure la candidatura de Manuela de Madre. El desembarcament de líders polítics socialistes i personatges de la faràndula espanyols no va ser suficient, tot i que les diferències es retallaren. Lluís Hernández va treure 13 regidors i Manuela de Madre, 12. A les eleccions del 1991, el PSC, després d'una intensa campanya amb molts mitjans, va aconseguir guanyar per 1.500 vots més.
Al cap de poc, una reacció el va empènyer a ratllar l'automòbil de la nova alcaldessa amb la paraula “falsa”, comportant-li una sanció judicial i el desplaçament de la primera línia de la política municipal. Cal dir que la ratllada al vehicle d'Antoni Fogué, 1r Tinent d'Alcalde i marit de Manuela de Madre, vingué arrel de que aquesta digués que les campanyes d'ambdós partits havíen tingut pressupostos similars. Era fals.

El pas de Lluís Hernàndez per l'alcaldía de santa Coloma de Gramenet fou molt fructífer per la ciutat, malgrat trobar-se les arques buides el 1979. L'equip de regidors del PSUC i d'ICV que Hernàndez va liderar durant 3 mandats va impulsar innombrables accions de tot tipus per corregir la infinitat de mancances i desequilibris que hi havía a Sta. Coloma: construcció de noves escoles, instituts, ambulatoris, reordenació urbanística, zones verdes, d'esbarjo, esportives, casals per la gent jove i per la gent gran, lluita contra l'atur i la misèria, posada en marxa per primer cop a tot Catalunya -a les ecoles públiques de Sta. Coloma- del programa d'immersió lingüística, justament com a iniciativa de l'Ajuntament i amb la reticència de la Generalitat. Clavegueram, enllumenat públic, transport, educació, salut pública, civisme, esport, el riu, i un llarg etcètera d'actuacions, configuren l'enorme transformació de la ciutat, feta amb partcicipació de la gent, amb pocs recursos i sense cap ombra de corrupció. Aquest és el llegat d'en Lluís Hernàndez: compromís i testimoni, acció i coherència en els actes.

Lluís Hernàndez va continuar la seva militància a Iniciativa per Catalunya, hereva del PSUC, partit del qui va ser militant fins el darrer dia de la seva vida. Durant els anys de la clandestinitat, Hernàndez fou dirigent comarcal del PSUC i membre del seu Comité Central. En els darrers anys, en fou militant de base, sempre actiu, sempre crític, sempre lleial.

A mitjan anys 90, Lluís Hernàndez va tornar a l’activitat religiosa a la parròquia del Verdum, a Barcelona. Més tard, va exercir el seu sacerdoci a l'Apostolat del Mar, en creuers turístics pel Carib, per decisió de l'arquebisbat de Barcelona, que el volía lluny de les parròquies.
Després, el 2006, es va fer càrrec de la parròquia de Santa Clara, al barri de la Morera a Badalona, on va impulsar la reforma i la dignificació del temple. El gener de 2013, la malaltía degenerativa de Parkinson el va obligar a retirar-se a una residència de religioses del barri de Gràcia de Barcelona, on morí el 20 de juliol de 2015.


El seu partit, ICV, li ha fet nombrosos homenatges i actes de reconeixement; així, la Fundació Nous Horitzons, vinculada a Iniciativa, n'ha editat el llibre de Joaquima Utrera: 'Lluís Hernàndez, el capellà rebel'.

Per saber-ne més:

Orencio Osuna: Lluís Hernàndez, el hombre, el alcalde.

R. Fernández Ontíveros: Lluís Hernàndez, la vida comprometida del 'cura rojo'.

RTVE Catalunya: entrevista a Lluís Hernàndez

Diario Público: fallece Lluís Hernández, el 'cura rojo'.

Eugeni Madueño: 'la darrera missa de l'exalcalde de Sta. Coloma'

Gramenet 2.0 'mor Lluís Hernàndez'.

l'Andreuenc: 'Lluís Hernàndez, el capellà del PSUC'.







dilluns, 16 de maig del 2016

Alfons Carles Comín Ros

MEMÒRIA HISTÒRICA.

FITXES DE MILITANTS. 

73: ALFONS CARLES COMÍN I ROS








Alfonso Comín va néixer a Saragossa el 9 d'agost de l'any 1933. Als 9 anys es traslladà a Barcelona amb la seva família, on va viure fins la seva mort, el 23 de juliol de 1980, poc abans de complir 47 anys.

Polític i sociòleg, enginyer industrial i periodista. Era un cristià compromès, un marxista crític, un intel·lectual inserit en el moment històric que li va tocar viure. Treballà en ambients obrers d'Andalusia durant quatre anys (1961-1965). Impulsà moviments socials i culturals, i va militar en partits polítics d'esquerra: FLP (1956-1962), Bandera Roja (1970-1974) i PSUC (1974-1980), dels quals fou dirigent. Va ser un dels fundadors de "Cristians pel Socialisme", moviment que defensava la legitimitat de l'opció política d'esquerres dels cristians.

Col·laborà en nombroses revistes nacionals i estrangeres, va ser director literari de les editorials: Nova Terra, Estela i Laia. Fou professor de Sociologia a Andalusia i Catalunya. Durant la dictadura franquista va ser detingut 8 vegades i empresonat en dues ocasions, però no va deixar mai de defensar la causa dels oprimits, dels marginats i dels perseguits. Va lluitar per defensar la llibertat, la igualtat i la justícia com l'única manera d'aconseguir la pau. Fou membre dels Comités Central i Executiu del PSUC i també del PCE.
Cristià al partit, comunista a l'Església, Alfons Comín fou un referent inqüestionable de Cristians pel Socialisme, juntament amb Joan N. García Nieto i altres 'capellans obrers' o 'capellans rojos' com el Pare Llanos, Lluís Hernàndez, etc. 
A les primeres eleccions autonòmiques lliures a catalunya després de la dictadura (1980) fou elegit diputat pel PSUC però ja no pogué prendre possessió del seu escó per l'avançat estat de la malaltía.
L'acte del seu enterrament fou una gran manifestació de dol envoltat per la direcció i militància del Partit Socialista Unificat de Catalunya i familiars i amics.
Alfons Carles Comín té una plaça que duu el seu nom a Barcelona i una altra a St. Felíu de Llobregat.

Per saber-ne més:

El País: en la muerte de Alfonso Comín. Jordi Solé-Tura

Wikipedia: Alfonso Carlos Comín Ros.


Diario Sur: en recuerdo de Alfonso Comín.

'La cruz y el martillo'. Bloc de Pere Meroño.

Fundació Alfons Comín